HOMBRE DE ROMA por Florencia Saavedra.
HAY QUE SER VALIENTE, y lo has demostrado, sufriendo cuando había que sufrir, trabajando cuando tocaba trabajar, ayudando en tus posibilidades y siendo una persona sincera.
No he sentido decepción por tu parte. Los que me conocen saben que yo me hubiera ido antes, haciendo ruido, poniendo a más de uno en su sitio, siendo políticamente incorrecto, sin mirar atrás. Ese no es tu caso y por eso NO ME HAS DECEPCIONADO.
Además, yo he tenido la suerte de ver a la verdadera FLORENCIA SAAVEDRA. Esos entrenamientos en La Rioja me enseñaron hasta donde se podía haber llegado, pero no era mi guerra, ni siquiera mi batalla., CADA UNO QUE AGUANTE SU PALO en esta historia.
Aprendí no hace poco, que la verdad tiene tres caras, la tuya , la mía y la verdadera. Es difícil que las tres coincidan en espacio y tiempo , lo más posible es que difieran en mucho, por lo que mejor ESTAR EN PAZ CON UNO MISMO.
Hombre de Roma
Quizás te dé curiosidad el nombre de la carta, pero después de haber estado dos veces en tu casa y de que, innegablemente, soy una persona muy observadora, vi en la nevera el significado de los nombres de las chicas. Tu nombre, al menos en Chile, es muy poco común. Me entró curiosidad, investigué un poco y me llevé una sorpresa: la confirmación de que nada es casualidad.
Román: Representa a personas con una voluntad fuerte, coraje, la disciplina y el honor. Conexión con la fe inquebrantable. Simboliza la voluntad personal, el intelecto y la fuerza mental.
He venido aquí con una expectativa y un objetivo muy infundados en el ego: querer crecer, destacar y aportar. Pero el universo me ha dicho "esta vez no", y me desarmó. Me dejó, aparentemente, sin nada: lejos de casa, con cinco balones desinflados y negros como el carbón, sin entrenador... pero lo peor, sin un sueño por el que luchar.
Para mí, entrar a un partido diciendo que da igual perder o ganar es una puñalada. Que mi entrenador sea indiferente y mire el móvil es otra puñalada. Yo fui apuñalada como un millón de veces, y solo sé que sobreviví gracias a ti.
Nunca olvidaré que fuiste la primera persona que se me acercó sinceramente, a ofrecerme muy humildemente lo que siempre me has dado: tu apoyo. Sonará a poco para quien no te conoce o no sabe cómo es VPM, pero tu apoyo secó lágrimas, alivió angustias, entregó fuerzas y me devolvió la ilusión. He tenido pocos entrenadores como tú; yo los llamo "joyas", porque son muy raros y siempre están cuidándose de la gente mala leche, encontrando un rincón donde puedan hacer lo suyo de manera honesta y fiel a como creen que es el vóley. Son aquellos que creen en la esencia, que le dan valor a la persona detrás del jugador y, a través de eso, empatizan con su situación familiar, su contexto, su edad.
Tú no me has dicho directamente quién soy ni cuánto valgo. Simplemente, todos los miércoles durante una hora y media, me has hecho darme cuenta de cuánto amo el vóley. Me has hecho volver a sonreír, a reír, a enojar, a sentir.
Cuando llegué contigo tuve que enfrentarme a que me había vuelto un zombie que caminaba a 0.5 de velocidad. Me gritabas: "¡vamos, canaya, defiende!" (jajaja, me daba mucha risa, pero también me picaba, para bien). Y la emoción que sentí cuando empecé a defender balones con el junior es un éxtasis que solo se obtiene cuando mejoras y puedes verlo. Pero lo más bonito no es solo eso: es tener la complicidad de compartirlo con tu entrenador, saber que lograste algo que él también quería tanto como tú, y que está tan contento como tú de que lo hayas conseguido.
Nunca olvidaré cuando llamé a mi mamá después del primer entrenamiento contigo y le dije:
"Ha tocado mi corazón de vóley, mi pasión. Estaba ahí dormida, y sentí que Román ha llegado a ella, la ha despertado".
Por eso estaré eternamente agradecida. Fuiste luz en días muy oscuros (aunque hubiese sol). Y no puedo evitar pensar que quizás te decepcione yéndome, y me duele, porque te admiro mucho. Hay una parte de mí, como jugadora, que quería que estuvieras orgulloso de ella. Pero siento que siempre me has entendido y que he conectado contigo como persona.
Siempre me sentí muy extraña o rara por jugar al vóley, ser informática y además artista. Lo más loco de todo fue que justamente coincidimos en eso. Con esencias muy distintas, pero fuiste un espejo de algo que por mucho tiempo quise meter bajo la alfombra, porque —estúpidamente pensaba— me hacía menos voleibolista. Tú me has demostrado que se puede ser un friki del vóley, apasionado y dedicado; ser un gran padre, ser informático, ser profesor y ser buena persona. Me has enseñado que a veces hay que levantar la cabeza y echarle cojones, y también que a veces no hay que perder nuestro tiempo y hay que marcharse.
Gracias por recibirme en tu casa. La última siesta me desperté y, solo por un segundo, pensé que estaba en la mía. Gracias por hacerme sentir parte de algo: de tu familia, de tu equipo. Espero que la vida me dé la dicha de volver a encontrarnos y, quizás sea muy ambicioso, pero ojalá de que me vuelvas a entrenar. Por mi parte, siempre tendrás una gran amiga para lo que sea.
Un abrazo,
Florencia





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